Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

La ansiedad de Veronika Voss

(Die Sehnsucht der Veronika Voss, 1981)

Director: Rainer Werner Fassbinder Guión: Rainer Werner Fassbinder, Peter Märthesheimer y Pea Frölich Fotografía: Xaver Schwarzenberger (Blanco y Negro, 35 mm, 1.78:1) Montaje: Juliane Lorenz Música: Peer Raben Dirección Artística: Rolf Zehetbauer Sonido: Vladimir Vizner Producción: Laura-Film, München; Tango-Film, München; Rialto-Film, Berlin; Trio-Film, Duisburg; Maran-Film, München Coste: 2,6 millones de marcos Duración del rodaje: 24 días (noviembre-diciembre 1981) Duración: 104 minutos Fecha de estreno: 18-2-1982, en el Festival de Berlin Dedicada a Gerhard Zwerenz

Intérpretes: Rosel Zech (Veronika Voss), Hilmar Thate (Robert), Cornelia Froboess (Henriette), Annemarie Düringer (doctora Katz), Doris Schade (Josefa), Armin Mueller-Stahl (Max), Erick Schumann (doctor Edel), Günther Kaufmann (ayudante de la doctora), Johanna Hofer y Rudolf Platte (la vieja pareja), Peter Berling (productor), Volker Spengler (primer director), Peter Zadek (segundo director), Sonja Neudorfer, Lilo Pempeit, Herbert Steinmetz, Elisabeth Volkmann, Juliane Lorenz...

Nominaciones y premios: Festival de Berlin: Oso de Oro a la Mejor Película. Festival Internacional de Toronto: Premio de la Crítica Internacional (FIPRESCI). Premio Cámara Alemana: Otorgado a Xaver Schwarzenberger

La ansiedad de Veronika Voss está inspirada levemente en la actriz alemana Sybille Schmitz, estrella de la UFA durante el Tercer Reich que después de 1945 quedó sumida en el olvido, muriendo de una sobredosis de morfina en 1955 a la edad de cuarenta y seis años. Como Sybille, Veronika fue una gran estrella del cine de la Alemania nazi pero ahora, mediada la década de los cincuenta, nadie se acuerda de ella: ni el público ni la industria cinematográfica. Durante una noche muy lluviosa, Veronika conoce al periodista deportivo Robert Krohn, que se enamora de ella. Buscando el secreto de la olvidada actriz, Robert pronto se da cuenta de las circunstancias que la rodean: morfinómana, vive en casa de la doctora Katz, de la que depende por completo al ser quien le suministra su dosis diaria. La médica, ayudada por un funcionario del Ministerio de Sanidad, se dedica a fomentar la dependencia de la droga en pacientes ricos y psíquicamente destrozados, se apodera de su fortuna y sus propiedades inmobiliarias, y después los deja morir tras cortarles el suministro. Robert intenta desenmascarar a la doctora tendiéndole una trampa ayudado por su amiga Henriette, que se hace pasar por una paciente rica necesitada de morfina, pero cuando ésta tiene en sus manos la prueba que necesita es asesinada. Como Veronika se está convirtiendo en un estorbo, la doctora Katz -tras prepararle una fiesta de despedida haciéndole creer que ha obtenido un contrato para trabajar en Hollywood- la encierra en su cuarto poniendo a su disposición numerosos botes de somníferos, que utilizará finalmente para quitarse la vida. Robert sabe la verdad de todo lo ocurrido pero, ante la inutilidad de recurrir a la justicia, vuelve a su labor como periodista.

Al contrario que Maria Braun o Lola, Veronika Voss no puede integrarse, no puede adaptarse a los nuevos tiempos que corren en Alemania porque sus recuerdos se anteponen al éxito en un presente que no soporta y le supera. La nueva sociedad del Milagro Económico, inmersa en la reconstrucción y con la mirada puesta en el futuro, no dispone de un sitio para personas que como ella se aferran al pasado: en una situación parecida se encuentra el viejo anticuario Treibel, que fue prisionero en el campo de concentración de Treblinka y ahora, además de sufrir las secuelas imborrables de aquel horror, es morfinómano y depende de la doctora Katz. Cuando ésta se niega a seguir administrándole las dosis, se suicida junto a su mujer. Así, durante el Tercer Reich, Veronika disfrutaba de su éxito mientras los Treibel sufrían en un campo de concentración. En la actualidad de 1955, la nueva Alemania, la brutalidad del volvemos a ser alguien, les reserva la misma suerte a todos ellos: la lenta autodestrucción, la muerte. De este modo, refugiarse en la droga deja de ser un acto de auto-castigo para convertirse en una penitencia que se inflinge al prójimo, un gesto calculado, científico y exterminador.

Película muy barroca, rodada en un blanco y negro muy acorde con la triste historia y como homenaje a las antiguas películas producidas por la UFA, Fassbinder logró crear con La ansiedad de Veronika Voss imágenes capaces de provocar resonancias en la mente del cinéfilo, sirviéndose de numerosos y muy variados fundidos y cortinillas utilizadas en el cine mudo y en los comienzos del sonoro, o recurriendo a momentos y situaciones que recuerdan el cine de género (melodrama, comedia sentimental, terror, serie negra) realizado durante la década de los treinta y cuarenta. Por otra parte, en su empeño por arrojar luz a la oscuridad de la historia alemana, el director muestra un deliberado exceso de iluminación en todas las escenas que tienen lugar en la consulta de la siniestra doctora, acompañándolas siempre de noticiarios o canciones norteamericanas difundidas por la radio que simbolizan el auge del materialismo de posguerra importado por los Estados Unidos. Por el contrario, las escenas más intimistas, aquellas que atañen a la privacidad de los personajes, se desarrollan en tonos oscuros, casi en la penumbra. Igualmente, no podemos olvidar cómo Fassbinder acierta con toda brillantez a la hora de dramatizar los sufrimientos de una solitaria adicta a la morfina que no puede escapar a su trágico destino. Rosel Zech, la actriz que encarnaba al personaje protagonista, logró una sobresaliente actuación. Según Harry Baer "se hizo describir los síntomas por varios médicos y se tragó realmente en la escena del suicidio treinta comprimidos inofensivos, claro está, aunque no pudo evitar que le provocasen una serie de vómitos debidos a la precisión, casi excesiva, con que asumió su muerte".

El matrimonio de Maria Braun, La ansiedad de Veronika Voss y Lola forman una trilogía (en ese mismo orden, atendiendo a la cronología de esas historias) sobre la reconstrucción de la República Federal alemana tras la caída de Hitler, una época que coincide con la niñez del director y en la que todo podía ser posible porque, según Fassbinder, "nuestros padres tuvieron la posibilidad de construir un Estado humano y libre como ningún otro haya existido". Sin embargo, la subyugación de los sentimientos ante el afán de lucro (Maria Braun), la corrupción con la que muchos debían resignarse si querían sobrevivir en esos años de acomodación oportunista (Lola) y la relación neurótica que mantenían los alemanes con la propia Historia, explotados por el todo vale de la contienda capitalista (Veronika Voss), no hicieron posible ese ideal de Estado del que hablaba Fassbinder. No deja de resultar fascinante el hecho de que el director creara de la forma en que lo hizo estas tres metáforas sobre la realidad alemana de posguerra, protagonizadas por mujeres que cargan con la Historia sin pretenderlo, viéndose obligadas a liquidar sus deseos y utopías subjetivas en favor de la esfera pública y política. Maria Braun, Lola y Veronika Voss son, por tanto, mujeres que representan las aspiraciones y decepciones de los alemanes en un momento histórico concreto, la utopía del empezar de nuevo de una nación que será traicionada como lo fueron los sueños de aquéllas. Son mujeres que, en definitiva, no hacen la historia, sino que la viven con todas sus consecuencias.

Volver - Continuar