Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

El vagabundo (Der Stadtstreicher, 1966)

Dirección y guión: Rainer Werner Fassbinder Fotografía: Josef Jung (Blanco y Negro, 16 mm, 1.33:1) Producción: Roser Film Rodado durante el mes de noviembre de 1966 Duración: 10 minutos

Intérpretes: Christoph Roser (vagabundo), Susanne Schimkus (camarera), Michael Fengler y Thomas Fengler (los dos hombres), Irm Hermann (mujer), Rainer Werner Fassbinder (joven con chaqueta de cuero)

Un vagabundo deambula por las calles de Munich. En una de ellas, encuentra una pistola tirada en el suelo y la mete en su maletín. Intenta deshacerse de ella en un parque, pero una camarera la recoge del contenedor de basuras y se la vuelve a dar. A partir de ese momento comienza a fantasear con la idea del suicidio, que pretende llevar a efecto entrando primero en unos servicios públicos y luego pidiendo permiso a una mujer para que le deje matarse en su cuarto de baño. Ante su negativa, vuelve al parque, donde dos hombres que lo observan le quitan la pistola mientras él se queda abatido en el suelo.

Surgida como homenaje a El signo de Leo de Eric Rohmer -una de las películas favoritas del maestro alemán-, la primera experiencia fílmica de Fassbinder conmueve tanto por la presencia de algunas de las constantes temáticas que caracterizarán su cine como por una planificación en la que destacan los encuadres artificiosos, erigiéndose en una especie de esbozo, de borrador de lo que ofrecerá su obra posterior. En primer lugar tenemos un paisaje urbano frío, solitario, otoñal, acechante, representado por las calles de Munich. Para seguir, nos encontramos ante una auténtica glorificación del suicidio (tal y como ocurrirá doce años después en la escalofriante En un año con trece lunas): en sus fantasías (acompañadas por el Concierto para órgano nº 10 de Handel que que utilizó más adelante en diversas ocasiones), el vagabundo se imagina feliz teniendo un arma en sus manos y se ve a sí mismo muerto en el suelo, adoptando la posición de un crucificado junto a una imagen de la crucifixión de Cristo (motivo muy recurrente en su filmografía que alcanzará su punto culminante en el epílogo de Berlin Alexanderplatz o en su obra póstuma Querelle). Para terminar, el hombre no podrá llevar a cabo sus planes porque dos individuos le arrebatan la pistola: la sociedad es tan hostil que ni siquiera da oportunidad al vagabundo para quitarse la vida con su preciada posesión. Toda una temprana declaración de intenciones.

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