Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

Ocho horas no hacen un día (Acht Stunden sind kein Tag, 1972)

Dirección y guión: Rainer Werner Fassbinder Fotografía: Dietrich Lohmann (Color, 16 mm, 1.33:1) Montaje: Marie Anne Gerhardt Música: Varios autores Dirección Artística: Kurt Raab Sonido: Gerhard Trampert Producción: WDR Coste: 1,3 millones de marcos Duración del rodaje: 105 días (abril-agosto 1972) Duración: 7 horas 40 minutos, aproximadamente Fecha de estreno: 29-10-1972, en ARD

Intérpretes: Gottfried John (Jochen), Hanna Schygulla (Marion), Luise Ullrich (Oma), Werner Finck (Gregor), Anita Bucher (Käthe), Wolfried Lier (Wolf), Christine Oesterlein (Klara), Renate Roland (Monika), Kurt Raab (Harald), Andrea Schober (Sylvia), Thorsten Massinger (Manni), Irm Hermann (Irmgard Erlkönig), Wolfgang Zerlett (Manfred), Wolfgang Schenk (Franz), Herb Andress (Rüdiger), Hans Hirschmüller (Jürgen), Peter Gauhe (Ernst), Karl Scheydt (Peter), Margit Carstensen, Doris Mattes, Gusti Kreissl, Lilo Pempeit, Ulli Lommel, Walter Sedlmayr, Valeska Gert, Eva Mattes, Brigitte Mira, Ursula Strätz...

Ocho horas no hacen un día es una serie compuesta por cinco capítulos que, a partir de la vida cotidiana de una familia de clase obrera (anécdotas, idilios domésticos, ambiente de trabajo), describe la situación y los conflictos que reflejaban la realidad social alemana de la época:

1ª Parte: Jochen y Marion. Llena de vitalidad, Mamie Kruger vive en Colonia con su hija Käthe, su yerno y Jochen, el hijo de éstos. La segunda hija de Mamie, Klara (una solterona), y Monika (la hermana de Jochen, desgraciada en su matrimonio con Harald), se han unido a ellos para celebrar el sesenta cumpleaños de Mamie. Jochen sale a comprar una botella de vino espumoso y se encuentra con Marion, a la que invita a la fiesta. Todo separa y al mismo tiempo une a Jochen y Marion. Él es un simple operario de fábrica; ella trabaja como secretaria en los anuncios por palabras del periódico Kölner Stadt-Anzeiger. Su compañera, Irmgard Erlkönig, se opone violentamente a su relación con Jochen, al que desprecia por el hecho de ser un obrero. En un parque, Mamie conoce a un viudo jubilado, Gregor Mack, con el que entabla amistad. Ambos deciden vivir juntos y Mamie se pone a buscar piso. En la fábrica, han de producir un encargo en un plazo muy corto de tiempo y la dirección le niega al equipo de Jochen la prima que le había prometido. Los obreros deciden sabotear la producción hasta que la dirección ceda. El capataz Kretzschmer, que se había opuesto a las reivindicaciones de los obreros, muere de repente, víctima de un infarto.

2ª Parte: Mamie y Gregor. Mientras busca piso, Mamie descubre la especulación inmobiliaria de las agencias. Decide fundar entonces una para alquilar pisos a las personas mayores. En los locales abandonados de una antigua biblioteca y con la ayuda de los compañeros de Jochen, abre una guardería infantil. La policía cierra el establecimiento pero gracias al apoyo de los periódicos y a una manifestación de los niños, las madres consiguen que se vuelva a abrir. En la fábrica, Franz, un compañero de equipo de Jochen, aspira al puesto de capataz que ha quedado vacante tras la muerte de Kretzchmer, pero la dirección se niega a confiarle el puesto a un obrero no cualificado.

3ª Parte: Franz y Ernst. Los obreros apoyan la candidatura de Franz, pero debido a un error de cálculo, la dirección le retira su confianza. Rüdiger, un obrero racista, hace aparecer como responsable de la falta cometida a Giuseppe, un trabajador inmigrante que es inocente. Nombran a un nuevo capataz que, al no pertenecer al grupo, no cuenta con ninguna simpatía. Sin embargo, él mismo, deseoso de ascender, incita a Franz a que persevere, lo ayuda a preparar la prueba y apoya su candidatura ante la dirección.

4ª Parte: Harald y Monika. A la madre de Marion no le hace ninguna gracia la relación de su hija con un obrero. Un día encuentra a Jochen en la cama de Marion y lo pone de patitas en la calle. Harald se opone a que Monika trabaje. Ésta pide el divorcio. Coincidiendo con ello, Jochen y Marion se casan. En el banquete de bodas, un compañero del taller de Jochen llamado Manfred se enamora de Monika. También Irmgard Erlkönig se enamora de un obrero a pesar de sus prejuicios.

5ª Parte: Irmgard y Rolf. La fábrica se traslada a otro barrio de la ciudad, lo que obliga a Jochen a cambiar su nuevo apartamento por el de sus padres. Tras dejar a Harald, Monika regresa a vivir a casa de sus padres y un timador le quita todos sus ahorros. Su abuela se ofrece a ayudarla y a recuperar su dinero. Irmgard se propone casarse con Rolf, el obrero al que ha conocido en la boda de Jochen y Marion. Se instala en casa de ésta, mientras que Rolf y Jochen se mudan juntos a un piso más próximo de la fábrica. En el nuevo piso de Mamie y Gregor, Monika y Manfred declaran su amor.

En Ocho horas no hacen un día, Fassbinder llevó a cabo una especie de experimento con el público televisivo en el que le planteaba de una forma optimista una serie de problemáticas laborales para evidenciar que, si se actuara de forma diferente a como solemos hacer en nuestro día a día, entonces quizás podríamos conseguir algo. El objetivo de Rainer para con los espectadores era, según sus propias palabras, "intentar volverles más fuertes diciéndoles: Todavía tenéis posibilidades, podéis hacer uso de vuestra fuerza porque el opresor depende de vosotros. ¿Qué es un empleador sin empleados? Nada, pero sin duda se puede imaginar un empleado sin empleador. Y si por primera vez he hecho algo positivo, lleno de esperanza, ha sido fundamentalmente partiendo de esta idea, y no hay derecho a hacer otra cosa con un público de veinticinco millones de personas frente al televisor. Esta serie muestra a una familia: un chico joven, sus padres, su abuela, y también a una chica a la que encuentra y alguien a quien conoce la abuela. Cuenta mucho el lugar de trabajo del chico, cuyo grupo de compañeros también se parece un poco a una familia. Decidí utilizar a las mismas personas en todos los episodios para que el público se identificase con ellas. Cuando reaparecen, los espectadores están contentos de volverlas a ver y por tanto dispuestos a participar en su evolución, primero con el pensamiento, pero también un día con sus actos".

Antes de escribir el guión definitivo de la serie, Rainer estuvo casi un año investigando con un equipo de colaboradores los conflictos que iba a reflejar en ella, manteniendo conversaciones con sindicalistas y obreros y visitando fábricas: "Hicimos mucho hincapié en producir algo que estuviese de acuerdo con los deseos e ideas de los trabajadores. Escribí la serie según las respuestas que recogimos antes de presentar el guión a un grupo de obreros con los que estábamos en contacto y que propusieron ciertas modificaciones. Esta gestión tomó mucho tiempo y el guión fue reescrito dos o tres veces siempre teniendo en cuenta sus puntualizaciones".

Ocho horas no hacen un día, que consiguió un extraordinario éxito de audiencia cercano al 65% de los televidentes, constaba originalmente de ocho episodios, pero Günther Rohrbach, uno de los directivos de la WDR, no dejó que se rodaran los tres últimos aun cuando los guiones ya habían sido pagados y los actores y técnicos recibieron sus contratos para filmarlos. Fassbinder estaba convencido de que la serie fue cancelada por motivos políticos. Sobre el contenido de esos tres capítulos, afirmó que "en ellos, los personajes no intentan luchar más por su cuenta en sus quehaceres laborales, sino que se unen y se organizan conjuntamente con los sindicatos, algo que en Alemania es una idea revolucionaria. Pero, aparte de esto, las cosas iban mal en el matrimonio formado por Jochen y Marion, que fueron presentados como una pareja ideal y yo quería demostrar que al final también acaban teniendo problemas bastante serioes entre ellos, pero eso no agradó al Dr. Rohrbach en la WDR: dijo que una pareja ideal debía permanecer como tal. Del mismo modo, yo también quería que Monika se suicidara. En general, los acontecimientos en la serie iban a desarrollarse de forma más pesimista que en las cinco primeras partes al tiempo que el trasfondo político se iba concretando cada vez más. Así que el tono idílico o de cuento de hadas de los capítulos anteriores había quedado atrás. En el quinto episodio, yo ya había sugerido que no todos los problemas podían resolverse como en los cuentos de hadas, pero eso era lo más que se podía mostrar en la televisión alemana".

Tal y como afirma Braad Thomsen, "que la WDR interrumpiera la serie era un hecho sintomático del destino que aguardaba a aquello que intentaba trascender los límites de lo aceptable en un drama familiar. Fassbinder trató las posibilidades de la comunidad y, en su tenaz insistencia sobre ellas Ocho horas no hacen un día, pudo llegar a ser una obra que trascendiera límites. Bastó una prohibición de la máxima autoridad de la cadena de televisión para que el restablecimiento de tales límites se hiciera necesario".

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