Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

7. Werner Schroeter o la poesía contracultural

"Todo cine ha de ser subversivo en relación a un público que se aferra a una historia y a una forma narrativa establecida: resulta más subversivo jugar con el contenido que con la estética de la imagen así como reencuadrar su perspectiva en un trabajo más lineal y neorrealista." Werner Schroeter

Werner Schroeter, nacido en 1945, gusta de ser reconocido como un autor plenamente europeo. Se hubiera dedicado a la Psicología de no ser por su pasión por el cine, el teatro y la ópera. A partir de 1967, realiza cortometrajes en 8 mm y tras asistir al 4º Festival de películas experimentales de Knokke-Zoute, queda fascinado por las producciones de la vanguardia americana y los trabajos barrocos de Gregory Markopoulos. De este modo, una de sus primeras obras en 16 mm, Argila (1968), concebida para ser proyectada en dos pantallas, lleva la marca de las influencias ejercidas por esos descubrimientos. Sin embargo, Schroeter se da cuenta de que a él no le interesa la investigación pura del arte fílmico: lo que más desea es dirigir, poner en escena su universo interior, ritualizar su cultura. Es así como realiza su primer largometraje profesional, Eika Katappa (1969), un collage de imágenes, sonidos diversos y fuentes culturales muy dispares (Siegfried, Carmen o Hamlet se relacionan entre ellos gracias a la música de Giuseppe Verdi, Beethoven, Bizet, Penderecki, Elvis Presley o Catarina Valente). La temática del cine de Werner Schroeter surge entonces en todo su esplendor: las relaciones del hombre, la locura, la fascinación por la muerte, la salvación a través del amor apasionado, la teatralidad extrema, el diálogo germano-latino, la confusión entre realidad y fantasía, los mitos y los valores culturales clásicos, lo trivial y lo tremendamente artificial, el kitsch y, por supuesto, la ópera (su pasión por Maria Callas es tal que le dedicó diversos ensayos: Callas Walking Lucia o Maria Callas Porträt, ambos de 1968).

En 1971 filma una versión bastante fiel del Salomé de Oscar Wilde que le lleva, desde entonces, a dirigir teatro y montajes operísticos. Ese mismo año rodó la que para él y la crítica es su obra más importante: La muerte de Maria Malibran (Der Tod der Maria Malibran), todo un manifiesto de su arte poético: tomando como motivos de sus variaciones plásticas elementos de la biografía de una cantante del siglo XIX muerta a los veintiocho años "por haber cantado demasiado", elabora una serie de correspondencias entre su yo y la cultura de la que es depositario, correspondencias que hacen del arte el valor supremo en que el hombre occidental, decepcionado y desengañado, puede todavía creer. Dentro de este maravilloso melodrama iconográfico-musical sobre el culto al genio, destaca la alternancia de los grandes y fascinantes primeros planos de rostros de mujer con escenarios paisajísticos de apariencia irreal donde las colinas y lagos invernales contrastan con un cielo rojo incandescente. La actriz que dio vida a Maria Malibran fue Magdalena Montezuma, la musa del cineasta que se mantuvo fiel a él desde Eika Katappa hasta su muerte en 1984.

Werner Schroeter continuará poniendo en escena sus collages estilizados, barrocos y expresionistas (Willow Springs, 1972; Der Schwarze engel, 1974; Goldfocken/Flockons d'or, 1976...). Con El reino de Nápoles (Regno di Napoli / Neapolitanische Geschwister, 1978), el autor comienza una segunda etapa en su carrera mediante la realización de largometrajes que parten de un argumento formalmente construido y de una estructura narrativa cerrada muy lejos de las "operaciones fantásticas" de su primer cine: supone una visión muy personal de la célebre ciudad, aprehendida a través de treinta años del destino de varias figuras pintorescas.

A continuación rueda Palermo oder Wolfsburg (1980) un ensayo crítico sobre Alemania que, según su autor, es "un ataque ideológico a la vida en este país (...) He conservado escenas estéticamente horribles, pero la caricatura es tal que todo se hace evidente... La primera parte, en Sicilia, es muy positiva... La segunda parte, en la Wolfsburg de Alemania, fue realizada con un espíritu muy negativo y raso contra este país. Lo que insinúo no es una opinión analítica de Alemania, sino un punto de vista agresivo".

Finalmente, en El día de los idiotas (Der Tag der idioten, 1982), Schroeter se interroga sobre la muerte, la representación, el reflejo y el doble tomando como pretexto la vida en el espacio cerrado de un asilo de marginados.

Volver - Continuar