Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

4. Volker Schlöndorff

"Una película tiene que ser lo más concreta posible. Esto quiere decir que una película alemana, justamente para ser competitiva a nivel internacional, tiene que ser específicamente alemana. No creo que puedan producirse films sintéticos juntando los mejores componentes de sitios diferentes y pensando que vas a conseguir algo valioso." Volker Schlöndorff

Nacido en el seno de una familia de médicos, Volker Schlöndorff (1939) se formó en Francia, en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (IDHEC), siendo ayudante de dirección entre 1960 y 1965 de Jean-Pierre Melvile, Alain Resnais y sobre todo de Louis Malle. Sin embargo, fue en la República Federal de Alemania donde rodó su primera obra, Wen Kummert's (1965), un cortometraje que evocaba la guerra de Argelia y que fue prohibido en Francia. Gracias a las primeras medidas adoptadas en el país para ayudar al cine de autor, Schlöndorff adaptó y dirigió la novela de Robert Musil El joven Törless (Der junge Törless, 1966): los interiores de una escuela de cadetes sirven al director para realizar una meticulosa descripción sobre la violencia humana al centrarse en cómo dos adolescentes se deleitan en la tortura y humillación de un tercero -de origen judío- ante los ojos del joven Törless, exculpado de participar pero implicado como testigo impasible. De esta forma, se establece un paralelismo entre el microcosmos del internado y la Alemania del tiempo nazi, donde los torturadores y perseguidores de judíos se mezclaban con millones de inocentes que observaban indolentes. Rodada en un poderoso blanco y negro, El joven Törless confirmó a la crítica internacional que el cine alemán comenzaba a experimentar un resurgimiento. De ella se llegó a afirmar que es "un estudio penetrante sobre la toma de conciencia de un joven y la representación más visceral de la deshumanización y del fascismo. En su facultad de expresar una atmósfera mórbida, llena de sospechas, este film se puede comparar con Diario de una camarera de Luis Buñuel, donde el fascismo se cimenta en una sexualidad reprimida y en el sadismo... El director de fotografía Franz Rath entendió cómo traducir los pensamientos precedentes al film en imágenes elegíacas que parecen presas de la gravedad y transmiten una peculiar belleza áspera".

Al contrario de las imágenes que invitan a la reflexión de Fassbinder o Wenders, el cine de Schlöndorff está orientado hacia una tradición realista, fuera de la experimentación y las vanguardias. De esta forma, no sólo alcanza a un público más amplio sino que también es el pionero de una "intención comercial" en el seno del Nuevo Cine Alemán, respaldado por el apoyo financiero de productoras norteamericanas como la United Artists o la Paramount. Sin embargo, los temas que trató no fueron ni mucho menos fáciles, sino críticos, complejos y comprometidos social e históricamente. Al mismo tiempo y más que ningún otro, Schlöndorff es el director alemán que ha mantenido una relación más estrecha con las obras literarias y su transposición a la pantalla grande: el citado Robert Musil, Bertolt Brecht, Heinrich von Kleist, Marguerite Yourcenar, Heinrich Böll, Günther Grass o Marcel Proust han tenido el honor de ser adaptados por el autor.

Tras El joven Törless, rodó varios films con resultados muy diversos: Mord und Totschlag (1967), que pasa por ser la primera obra del Nuevo Cine Alemán rodada en color; Michael Kohlhass (1969), primera y fallida producción internacional del NCA, no sólo producida con dinero americano (Warner-Columbia) sino también rodada en inglés y con un reparto de actores británicos, franceses y alemanes; Baal (1969), film para televisión con Rainer Werner Fassbinder como protagonista; y dos películas de entretenimiento de las que el director ha renegado ferozmente: Die Moral der Ruht von Halbfass (1971) y Ubernachtung in Tirol (1973). Los dos logros más importantes de la primera etapa de su carrera son sin lugar a dudas las excelentes La repentina riqueza de los pobres de Kombach (Der plötzliche reichtum der armen leute von Kombach, 1970), considerada por muchos su mejor obra; y Fuego de paja (Strohfeuer, 1972).

La repentina riqueza de los pobres de Kombach es la película más representativa de la corriente "Anti-Heimatfilm", un relato de gran vigor, con una puesta en escena siempre controlada, la participación en el guión de Margarethe von Trotta -su mujer-, y un penetrante análisis histórico acompañado de una reflexión profundamente humana sobre la lógica de la rebeldía y la represión. El director partió de unas actas judiciales fechadas en 1825: un grupo de campesinos y jornaleros pobres del Land de Hessen intenta varias veces atracar la diligencia que transporta la recaudación de los impuestos. Cuando lo consiguen, se dan cuenta de que sus sueños de riqueza no pueden ser satisfechos pues como dice uno de ellos "un hombre pobre con dinero suscita sospecha". Así, dos de los campesinos se suicidan y los demás serán ejecutados, excepto David Briel, que consigue escapar a América. El film, en blanco y negro, retrata magistralmente las emociones y los sueños que los pobres se forjaron mediante el asalto que perpetraron, todo ello sin dejar de otorgar un tamiz progresista y crítico a las "mitologías de los idilios rurales". El toque de gracia a esta producción lo dio su extraordinario reparto compuesto por los directores Rainer Werner Fassbinder, Margarethe von Trotta y Reinhard Hauff, así como por el prestigioso crítico de cine Joe Humbus.

Por su parte, en Fuego de paja (de nuevo protagonizada y co-escrita por la esposa del realizador) encontramos a Elizabeth, una mujer que sufre el incómodo periodo entre su divorcio y su segundo matrimonio. Schlöndorff muestra sin concesiones, con mucho sarcasmo y virulencia crítica, la facción "más injusta" de la justicia, que niega la patria potestad de su hijo a la protagonista con argumentos más propios de una moral machista que de imparcialidad ecuánime. Así, cada intento de Elizabeth por realizar una acción independiente se verá como la evidencia de una vida desordenada. Esta brutal e irónica crónica sobre la represión de la mujer por el hombre destaca, sobre todo, por eludir en todo momento una exaltación feminista que en modo alguno hubiera contribuido a su importancia dentro de la filmografía del autor.

1974 será de nuevo un año decisivo para Schlöndorff. Su asociación con el director Reinhard Hauff para crear la productora Bioskop le lleva a dirigir la excelente El honor perdido de Katharina Blum (Der Verlorene ehre der Katharina Blum), protagonizada por la eficaz Angela Winkler, que da vida a un ama de llaves convertida en presa y víctima de la policía y la prensa sensacionalista por haber mantenido un contacto esporádico con un desertor del ejército y supuesto terrorista. La estilización a la que fueron sometidos los personajes y el pulso firme con que el director afrontó esta crítica social basada en la contradicción entre los principios de un estado liberal como el alemán y los más que reprobables métodos periodísticos y policiales presentes en él hicieron de Katharina Blum una de las grandes películas de la historia del NCA: "Aunque se han realizado varios films de crítica social, nadie ha puesto el dedo en la llaga del Estado tal y como lo hicieron Schlöndorff-Trotta en El honor perdido de Katharina Blum y Rainer Werner Fassbinder en su Viaje a la felicidad de mamá Küsters".

Con Tiro de gracia (Der Fangschuss, 1976), definida por el director como "la historia de una humillación culminada en una revuelta", creó una obra en blanco y negro austera y rigurosa a partir de la novela de Marguerite Yourcenar donde desfilan temas como la decadencia de la burguesía, la represión de la mujer y la liberación de ésta a partir de un acto extremo. La protagonista, Sophie von Reval (de nuevo Trotta), es una aristócrata de carácter complejo que en la Rusia revolucionaria se pone del lado de los rojos, hecho que le hace vivir intensamente hasta el momento de solicitar su propia muerte. La película de Schlöndorff es una extraordinaria descripción sobre la corrupción y la debilidad de las creencias en que una familia aristocrática se sustenta: la complejidad de los acontecimientos en Kratovice (donde sucede la acción), la diversidad de sentimientos (desviación de ideas, desviación sexual) y la contradicción en los comportamientos de los personajes exigieron un trabajo de puesta en escena modélico repleto de contracampos, primeros planos, miradas y contra-miradas entre los personajes, espejos que multiplican las figuras...

En 1979, Volker Schlöndorff dirige la que sin duda es su película más conocida y admirada: El tambor de hojalata (Die blechtrommel), por la que consiguió la Palma de Oro en el Festival de Cannes y el Oscar a la Mejor Película Extranjera. En un primer momento, esta obra maestra fue despreciada por la crítica literaria alemana. Sin embargo, la adaptación de Schlöndorff y Jean-Claude Carrière captó la complejidad, riqueza, escatología, el humor, la ironía, la crueldad y el barroquismo de la obra de Gunter Grass. El director encontró en David Bennent, el niño protagonista inseparable de su tambor de hojalata que se niega a crecer, a un auténtico artista inmejorable en su papel. Igualmente, Angela Winkler -que encarna a la madre del niño, casada con un nazi y amante de un polaco- encarna magistralmente las contradicciones de la ciudad donde transcurre la acción, Danzig, en la que los alemanes, los polacos, los judíos y los Kaschuben (minoría de origen eslavo) vivían en una mezcla armónica hasta que en 1933 empezaran las campañas nazis de persecución racistas, llenas de aires triunfalistas de guerra.

Círculo de engaños (Die Fälschung, 1981) será la última gran obra de Schlöndorff dentro del Nuevo Cine Alemán. Rodada en Beirut y protagonizada por Bruno Ganz, Hanna Schygulla y Jerzy Skolimowsky, se trata de una película sobre el fin de las ideologías que evoca el desconcierto provocado por un conflicto bélico absurdo. Tras ella, el director alemán beneficiándose de medios importantes y de la participación de actores célebres (Ornella Mutti, Jeremy Irons, Alain Delon o Fanny Ardant) intentó la imposible tarea de trasladar a la pantalla la obra de Marcel Proust En busca del tiempo perdido con la fallida El amor de Swan.

Volver - Continuar