Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

3. Hans-Jürgen Syberberg o el furor teutónico

"Redujiste a cenizas Berlín y Viena... Nos arrebataste las puestas de sol de Caspar David Friedrich... Todo lo demás lo ocupaste y contaminaste. Todo: el honor, la fidelidad, la vida rústica, la pasión por el trabajo, el cine, la dignidad, la patria... ¡Te felicito!" Syberberg dirigiéndose a una marioneta de Hitler en su film Hitler, un film de Alemania

Hablar de Hans Jürgen Syberberg (1935) es hacerlo del director más controvertido del Nuevo Cine Alemán: sufrió el desprecio de la crítica en su país (llegó a ser calificado como un paranoico con manías persecutorias) y el reconocimiento incondicional en Francia y el resto del mundo. ¿Qué ocurre, por tanto, con el cine de Syberberg para que genere odios y pasiones...? Para este autor -como ocurre con Herzog- el cine es una pasión vital, el "Gesamtkunstwerk o el arte total de nuestra civilización". Quizás por ello le gusta que se le compare con Mélies y se declara admirador de Griffith, Eisenstein, Stroheim y los expresionistas alemanes. Su visionaria obra cinematográfica constituye la fusión de dos polos tradicionalmente opuestos en la historia cultural germánica: el racionalismo del siglo XVIII y el misticismo romántico del siglo XIX. Para llevar a cabo este "escándalo estético" (tal y como él lo definió), reconstruyó para la gran pantalla los "grandes temas" que le fascinan: Wagner, Ludwig, Hitler, Karl May... La discontinuidad en la relación entre la imagen y la banda sonora de sus películas son las claves del cine de Syberberg: su obsesión es restar autoridad a la imagen para que ésta comente al sonido y no ocurra lo contrario. De esta forma, el sonido de sus películas aparece sobrecargado deliberadamente a través de la conjunción de textos recitados, ruidos y música (Wagner, Mahler, Mozart...).

Este autor comenzó su carrera realizando un gran número de documentales para la televisión de Munich, entre ellos un retrato de Romy Schneider. En 1968 dirige su primera película: Scarabea - Wieviel Erde braucht der Mensch, basada en una novela corta de Tolstoi. Pasó desapercibida, al igual que su siguiente producción San Domingo 1979 (1970), esta vez sobre un relato de Kleist. Sin el más mínimo asomo de desánimo emprendió después la prestigiosa "Trilogia Alemana" formada por Ludwig, requiem por un rey virgen (1972), Karl May (1974) y Hitler, un film de Alemania (1976).

Ludwig, requiem por un rey virgen fue exhibida antes en Francia que en Alemania con un éxito aplastante, llegando incluso a restar espectadores al Ludwig viscontiano. Se trató de un gran fresco desprovisto de todo naturalismo que sirvió a Syberberg para reflexionar sobre el mito de Luis II de Baviera y la historia alemana. Dividido en dos partes (El sueño de Ludwig, donde asistimos a los hechos que marcan la existencia del joven rey durante un día de su vida; y Érase una vez yo, donde vemos retratada su caída del poder, su muerte y las leyendas que le rodearon), el autor puso en escena un auténtico baile de personajes a los que estilizó hasta el ridículo y el sarcasmo (Wagner está representado como un enano hermafrodita; Bismark aparece yendo en bicicleta; Hitler baila una rumba con el jefe de las milicias nazis...). Al estar rodada íntegramente en estudio, posee un aire marcadamente teatral reforzado por unos decorados decadentes y una utilización estática de la cámara. Con todos estos ingredientes, Syberberg llevó a cabo un perceptivo retrato del llamado rey loco, presentándolo como un soñador cuyas visiones anticipaban la era de las masas, la industrialización y la polución.

En Karl May, el autor llevó a cabo un contradictorio retrato sobre el escritor de novelas de aventuras más popular de la literatura alemana: "Todo el que conozca la importancia de Karl May para los alemanes sabrá lo cercanos que estamos aquí a una historia del sentimiento alemán, a sus aventuras del alma y sus mitos del hombre bueno, de aquél que lucha por todo aquello que es noble". Basada en los últimos doce años de vida del escritor (coincidiendo con la enemistad profunda que surgió entre sus admiradores y detractores), esta película sin embargo es una muestra de cine rutinario transmisor de unas imágenes asépticas y rudas que en nada recuerdan las de Ludwig.

Hitler, un film de Alemania supone la culminación de la "Trilogía Alemana" y es sin lugar a dudas la obra maestra de Syberberg. Con una duración de siete horas, un montaje basado en el collage y la asociación, y con la prohibición expresa por su parte de que fuera exhibida en su país porque "la cultura cinematográfica alemana no sabría apreciar un film como este", esta onírica película dividida en cuatro partes se proponía exorcizar la Historia y desenmascarar al mito más agobiante del siglo XX: Adolf Hitler. La primera parte hace referencia al "Santo Grial" como símbolo del paraíso perdido que el dictador prometía. La segunda y tercera mezclan intervalos de sonido, imágenes, música, diálogos, comentarios y acción, documental, pasado y presente, lo sublime y lo ridículo, lo trágico y lo cómico, lo insignificante y lo grandioso. La última parte consiste en una serie de conclusiones basadas en los tres capítulos anteriores. Douglas Sirk y Susan Sontag elogiaron la película con entusiasmo, tal y como hizo la crítica internacional. Sin embargo, en Alemania fue recibida con hostilidad, quizás porque como dijo Syberberg "a mi país le horroriza pronunciar la palabra "Hitler" y, por tanto, no acierta a comprender cómo un alemán ha podido dedicar siete horas de celuloide a esta bestia inmunda sin destruir su mito de raíz, sino ofreciendo las claves que intentan entenderlo". De este modo, el autor trata de hacer ver que en ningún momento quiso estudiar el fenómeno del nazismo, sino "explicar la historia a través de mitos, documentos, cuentos fantásticos y ciencia ficción". Esa es, sin duda, la gran virtud de este impresionante film.

Otras obras del autor fueron dos películas sobre Wagner y el wagnerismo (Winifred Wagner und die Geschichte des Hauses Wahnfried - 1914/1975 (1975), consistente en una larga entrevista con la nuera del compositor y antigua pro-nazi; y Parsifal (1982), una sobrecargada adaptación de la ópera del mismo nombre), así como Die Nacht (1985), una especie de canto fúnebre a los dioses de Europa.

Volver - Continuar