Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

El matrimonio de Maria Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1978)

Director: Rainer Werner Fassbinder Guión: Rainer Werner Fassbinder, Peter Märthesheimer, Pea Frölich Fotografía: Michael Ballhaus (Color, 35 mm, 1.66:1) Montaje: Franz Walsch (seudónimo de RWF), Juliane Lorenz Música: Peer Raben Dirección artística: Helga Ballhaus Sonido: James Willis Producción: Albatros Produktion, München; Trio-Film, Duisburg; WDR, Köln Coste: 1975000 marcos Duración del rodaje: 35 días (enero-marzo 1978) Duración: 120 minutos Fecha de estreno: 20-2-1979, en el Festival de Berlin Dedicada a Peter Zadek

Intérpretes: Hanna Schygulla (Maria Braun), Klaus Löwitsch (Hermann), Ivan Desny (Oswald), Hark Bohm (Senkenberg), Gottfried John (Willi), Gisela Uhlen (madre de Maria), Günter Lamprecht (Wetzel), George Byrd (Bill), Elisabeth Trissenaar (Betti), Lilo Pempeit (señora Ehmke), Isolde Barth, Rainer Werner Fassbinder, Volker Spengler, Karl-Heinz von Hassel, Michael Ballhaus, Günther Kaufmann...

Premios y nominaciones: Festival de Berlín: Oso de Plata concedido como Mención especial para el equipo de la película; Oso de Plata a la Mejor Actriz concedido a Hanna Schygulla; Premio del Jurado de los lectores del Berliner Morgenpost. Nominada al Oso de Oro como Mejor Película. Bundesfilmpreis (Premios del Film Alemán): Premio a la Mejor Dirección; Premio a la Mejor Actriz otorgado a Hanna Schygulla y Gisela Uhlen; Premio al Mejor Diseño de Producción; Cinta de Plata concedida como Mención especial para la película. En 1989 obtuvo un premio especial con motivo de la conmemoración del cuarenta aniversario de la República Federal Alemana. Globos de Oro en USA: Nominación en la categoría de Mejor Film Extranjero. Premios David di Donatello: Premio Especial a Hanna Schygulla por su interpretación

Tras rodar su episodio para el film colectivo Alemania en Otoño, Fassbinder emprendió en los primeros meses de 1978 el rodaje de El matrimonio de Maria Braun, que supuso el feliz reencuentro con su musa Hanna Schygulla tras cuatro años de distanciamiento entre ambos. Por aquella época se encontraba inmerso en la preparación de la serie televisiva Berlin Alexanderplatz, uno de sus proyectos mas personales y ambiciosos. Como esta obra de quince horas y media de duración exigía un largo proceso de pre-producción, Fassbinder se aburrió y dijo a los productores Michael Fengler y Peter Berling que quería realizar entre medias una película de poco presupuesto. Pese a las reticencias de aquéllos, Maria Braun acabó materializándose aunque sus costes se duplicaron y la falta de dinero llegó a colocar entre las tablas en más de una ocasión a esta producción.

En el año 1943, en mitad de un bombardeo, Maria Braun se casa con Hermann, que debe volver al frente al día siguiente de la boda. Al finalizar la guerra y tras aguardar llena de esperanza la llegada de su marido, Maria acaba dándolo por muerto y comienza a trabajar en un bar para los soldados norteamericanos, donde conoce a Bill, un militar de color con el que comienza una relación. Cierto día, Hermann aparece inesperadamente cuando la pareja está en el dormitorio y se desata una lucha entre los dos hombres. Maria, casi en estado de trance, mata al soldado americano, pero es Hermann quien se declara culpable en el juicio y es encarcelado. Su esposa, de nuevo sola, decide consagrar su vida a él y prosperar económicamente en su honor. Así, conoce al empresario textil Oswald, con quien acabará manteniendo una relación mientras espera con nostalgia la puesta en libertad de Hermann. La joven mujer se convierte de este modo en una persona independiente y con una posición social privilegiada. Cuando Hermann sale de la cárcel huye a Canadá ante la extrañeza de Maria Braun, hecho que la convierte en una persona amargada y despótica. La razón de su huida es un contrato que estableció en la prisión con Oswald: éste le dejaría la mitad de sus bienes en su testamento si Hermann le permitía vivir con Maria los últimos años de vida que le quedaban. Tras la muerte de Oswald, en 1954, Hermann regresa el día en que en la casa de Maria tiene lugar la lectura del testamento de aquél. Es así como ella se entera de la traición y hace volar la casa por los aires al encender un cigarrillo tras haber dejado durante largo tiempo el gas de la cocina abierto.

A través de esta parábola sobre el Milagro Económico Alemán, Fassbinder trata de demostrar que en aquel tiempo no había espacio para los sentimientos, que aquella sociedad estaba construida en base al negocio y la ganancia. Así, la Alemania de posguerra toma la forma de una mujer libre, inteligente y poderosa que al final es superada en sus estrategias porque no ha sido más que una moneda de cambio entre dos hombres, una transacción más en ese mundo hecho para el negocio y la especulación y no para el amor. En este sentido, pocas heroínas hay en la Historia del cine tan fascinantes como Maria Braun, una mujer que se hace, se construye a sí misma, pero que acaba destruyéndose víctima de las circunstancias. Para Peter Märthesheimer, coguionista de la película, "Maria Braun no es seguramente una figura realista: es una heroína cinematográfica que personifica los deseos y anhelos de los espectadores. Se puede decir que ella es valiente y perseverante; es una persona que se abandona completamente a sus sentimientos y que, a la vez, está capacitada para actuar en la vida porque es astuta, hábil y consciente de la realidad". Por su parte, Fassbinder declaró que "la película que yo he hecho y que parece hablar a favor de la institución del matrimonio, da idea en realidad de cuánto odio, hipocresía y destrucción hay en la vida matrimonial. Yo quiero que la audiencia rompa con sus rituales y ponga punto y final al estilo de vida burgués".

El final de esta obra maestra impresiona: el trágico destino de la pareja protagonista coincide con los siete últimos minutos de duración real de la retransmisión radiofónica del partido de fútbol donde Alemania ganó a Hungría y se proclamó campeona del mundo. En esa sincronización irónica entre la vida privada que se destruye y la pública que da gritos de júbilo por la victoria, Fassbinder pone en evidencia la enemistad entre la historia privada y la pública así como el fin de una utopía íntima que se vuelve cenizas y escombros frente a la arrogancia de una nación que celebraba el lema de volvemos a ser alguien, quedando todo ello conformado por la contradicción y la coincidencia entre la fidelidad y la traición personal y político-social; la presencia y la ausencia (Hermann está la mayor parte del film ausente pese a ser provocador y pretexto de las acciones de la protagonista); el pasado y el presente; y el olvido y la memoria, que juegan un papel primordial, ya que la causa final de la fatídica explosión es el olvido (no sabemos si voluntario o involuntario) de cerrar el gas por parte de Maria, una mujer que se hasta ese entonces se había aferrado al recuerdo de su matrimonio en unos momentos en que su país intentaba olvidar su pasado.

El matrimonio de Maria Braun (que junto con Lola y La ansiedad de Veronika Voss forman una trilogía sobre la Alemania de posguerra) se presentó a concurso en el Festival de Berlín de 1979 provocando las suspicacias típicas de los estrenos fassbinderianos, abucheos incluidos: a los alemanes no les gustó nada la forma en que Fassbinder excavó en los años del Milagro Económico. Liliana Cavani y Julie Christie lucharon para que la película obtuviera el Oso de Oro, pero solo consiguieron que Hanna ganase el de Plata a la Mejor Actriz. A su vez, se convirtió en la película de Fassbinder con mayor éxito a nivel internacional (François Truffaut la definió como "un original, épico y poético trabajo de gran calidad"). De forma unánime, se ha considerado Maria Braun como la síntesis genial de todos los logros que habían caracterizado a las anteriores obras de Rainer Werner Fassbinder: sus motivaciones; sus tonalidades; su escepticismo; sus conocimientos en torno a la Historia contemporánea; su conciencia política y, en definitiva, su capacidad única para narrar de forma tan popular como crítica, tan amena como reflexiva, sus magistrales relatos en absoluto complacientes.

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