Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

La ley del más fuerte (Faustrecht der Freiheit, 1974)

Dirección: Rainer Werner Fassbinder Guión: Rainer Werner Fassbinder, con la colaboración de Christian Hohoff Fotografía: Michael Ballhaus (Color, 35 mm, 1.33:1) Montaje: Thea Eymész Música: Peer Raben Dirección artística: Kurt Raab Producción: Tango Film, München; City Film GmbH, Berlin Coste: 450000 marcos Duración del rodaje: 21 días (abril-julio 1974) Duración: 119 minutos Fecha de estreno: 30-5-1975 Dedicada a "Armin y los demás"

Intérpretes: Rainer Werner Fassbinder (Franz Biberkopf), Peter Chatel (Eugen), Karlheinz Böhm (Max), Adrian Hoven (padre de Eugen), Harry Baer (Philip) Ulla Jacobsen (madre de Eugen), Christiane Maybach (hermana de Franz), Karl Scheydt (Klaus), Peter Kern (florista), Rudolf Lenz, Hans Zander, Kurt Raab, Irm Hermann, Kitty Buchhamer, Ursula Strätz, Elma Karlowa, Barbara Valentin, El Hedi ben Salem, Ingrid Caven, Marquard Bohm, Lilo Pempeit, Walter Sedlmayr...

La ley del más fuerte es una de las obras más emblemáticas y conocidas de Rainer Werner Fassbinder. En ella revisita el tema de las relaciones entre explotación económico-cultural y explotación de los sentimientos en una pareja: Franz Biberkopf es un joven homosexual vulgar, ingenuo y bonachón que, tras trabajar como Fox, la cabeza parlante en una feria, gana medio millón de marcos en la lotería, lo que le permite introducirse en los más exquisitos círculos del colectivo gay. Es entonces cuando conoce y se enamora de Eugen, hijo de un empresario que posee una imprenta al borde de la bancarrota. Tras dejar a su amante, Eugen inicia una relación con Franz que resulta ante todo interesada: le pide dinero para la empresa paterna en sucesivas ocasiones; le hace comprar el piso y los muebles que compartirán; intenta corregirle sus modales nada finos y poco acordes con la educación burguesa, y programa un viaje a Marrakech que supondrá el comienzo del fin de la relación. Este desequilibrio entre el que da (Franz) y el que manipula (Eugen) conduce a un dramático final: Franz ve cómo ha perdido prácticamente su dinero a causa de las maniobras de su amante. Ni siquiera puede quedarse con el piso que compró porque se lo ha traspasado a Eugen, que aprovecha para volver con su ex-amante. Preso del estrés y la desesperación, se toma un bote de Valium y dos conocidos homosexuales lo encuentran muerto en una desierta estación de metro. Como no quieren complicaciones, lo dejan tal y como se lo habían encontrado, pero Fassbinder riza el rizo haciendo que dos chavales saqueen el cadáver robándole el dinero y las pertenencias que llevaba encima mientras suena una mortificante música de feria.

Esta dura y bellísima película ha quedado como el ejemplo más contundente y feroz del director sobre su visión de las relaciones de poder existentes en una pareja, aquellas que convierten al que más ama en una víctima. Sorprende la implacable naturalidad con que aparecen expuestos los mecanismos de represión y explotación que se dan entre Franz y Eugen ("En nuestra sociedad, la libertad individual no se puede comprar o ganar con un premio de lotería porque esa libertad tiene su propia ley, Faustrecht, la ley de la jungla en la que impera la ley del más fuerte", escribe al respecto C. Braad Thomsen), así como la inquietante e imparable progresión dramática de una historia que comienza como una especie de cuento de hadas -en el que, incluso, no se escatiman leves toques de humor- y concluye como una auténtica pesadilla.

Como en Effi Briest, La ley del más fuerte expone en toda su crudeza cómo la opresora educación burguesa desactiva la identidad del individuo: "Debes aprender, aprender y aprender. Es difícil, pero nos las arreglaremos para hacer de ti una persona totalmente distinta", dice Eugen a Fox. Pero la película de su filmografía con la que guarda un paralelismo casi exacto es Las amargas lágrimas de Petra von Kant: "Como Petra, Eugen es el pedagogo de la relación, aquel que aspira a dominar al proletario, culturizarlo y civilizarlo; al igual que Karin, Franz carece de conciencia proletaria y le domina la imperiosa necesidad de salir de su miserable entorno. Pero el pesimismo en La ley del más fuerte es considerablemente superior al de Petra von Kant: mientras Petra aprende algo de su relación con Karin ("Yo solo quería poseerla"), la actitud de Eugen no cambia en ningún momento de la película. No muestra piedad alguna, menos aún comprensión por Franz: se aprovecha de él hasta agotar el dinero que ha ganado en la lotería y luego lo abandona. Así, mientras Karin logra sobrevivir sin Petra, Franz sucumbe a una enfermedad psicosomática cuyo origen está socialmente determinado", escribe Braad Thomsen.

En el plano estilístico, llama la atención el empleo que hace el director de la profundidad de campo, de puesta de escena en abismo, procurando que el encuadre deje ambos márgenes de la imagen en sombra o flou para aprisionar de ese modo a los personajes, algo a lo que también contribuyen los asfixiantes y recargados decorados, que parecen transmitir -en consonancia con la secuencia inicial del parque de atracciones- un efecto de barracón de feria donde se desarrolla esta aterradora parábola acerca de la búsqueda de la propia identidad, la hipocresía y los tics que sustentan la educación y los principios burgueses, las amistades y relaciones interesadas, o la diferencia de clases.

La película fue presa de las iras de los homosexuales, que aparecen como seres vanidosos, algo necios, narcisistas e incluso exóticos: Fassbinder jamás utilizó la problemática gay como una causa que había que defender o en la que militar. El crítico Andrew Britton sostuvo en la revista inglesa Gay Left que La ley del más fuerte "presenta una visión de la homosexualidad que nos denigra a todos. Por eso debemos denunciarla con energía". Sin embargo, durante toda su vida, el director defendió que la temática homosexual directa o indirecta de sus películas era un hecho accesorio ("Quienes alardean o hacen bandera de su condición sexual acaban cayendo en la autocompasión y se dejan dominar por sus sentimientos de vergüenza", sostenía), y que solo le interesaban las relaciones humanas porque es precisamente en ellas donde residen los diferentes conflictos y no en la opción sexual que las caracteriza.

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