Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

Entrevista a Harry Baer (1). Extracto de una imprescindible entrevista de cinco horas de duración sobre Rainer Werner Fassbinder, mantenida el 7 de agosto de 1982 en Starnberg entre Dieter Donner y Harry Baer, el que fuera actor y ayudante de dirección del maestro, el más fiel entre los fieles, siendo probable que nadie conociera a Fassbinder tan bien como él (Hans-Christoph Blumenbergh en Zeit).

BAER, Harry: Ya dormiré cuando esté muerto. Editorial Seix Barral, España, 1986.

DIETER: (...) Así que Rainer tenía veintitrés años cuando os conocisteis. Tú tenías veintiuno. ¿Cómo era su aspecto? ¿Cómo le describirías?

BAER: Pues un chulo con chaqueta de cuero.

DIETER: ¿Qué significa un chulo con chaqueta de cuero? Supongo que, en el fondo, un joven aburguesado corriente, que puede encontrarse en cualquier esquina, que todavía no es un hombre y tampoco un adolescente y que oscila entre todas las posibles fases de desarrollo.

BAER: Exactamente.

DIETER: (...) Si no recuerdo mal, Rainer era en esa época un muchacho bastante esbelto, no muy desarrollado, de cara blanca como la leche, se diría que parecida a la de un...

BAER: Un bebé...

DIETER: Sí, un bebé. Y...¿cómo era Rainer en las conversaciones personales que mantenía contigo o en el seno del grupo? ¿Ya muy dominante o un muchacho introvertido, discreto, que a ser posible...?

BAER: Discreto no, pero tampoco estridente, y sus palabras ejercían cierta influencia sobre los demás, o sea, sobre Kurt Raab, Hanna Schygulla y Peer Raben. Se advertía que todos lo escuchaban.

DIETER: ¿Podrías dejar a un lado el recuerdo de tu intimidad con él -en aquel entonces habría sido imposible, pero ahora quizá sea más fácil discutir sobre el tema- y decir si era muy típico del carácter de Rainer, de su evolución intelectual y espiritual, ser tan pesimista en todo lo referente a la amistad, la fidelidad y el amor?

BAER: Es difícil responder a esta pregunta de modo afirmativo, porque él también se la formuló como hombre y después la expresó, como es natural, en sus películas, buscando una respuesta que no logró encontrar.

DIETER: De modo que a los veinticuatro años aún no había encontrado el amor ni la ternura, a nadie a quien pudiera considerar su pareja, chico o chica, es igual, una persona que significara mucho para él y que a su vez le correspondiera con el mismo sentimiento. En el fondo, vivía en un espacio vacío, ¿no es así?

BAER: Sí, así es. Había episodios breves con alguna persona, como es natural, pero creo que no surgió de ninguno una amistad duradera, una relación íntima.

DIETER: ¿Y no te habló nunca de este tema, en el año 69, por ejemplo, cuando ya erais muy amigos, porque fuiste actor y ayudante de dirección, verdad, en las cuatro películas que rodó aquel año?

BAER: No, aquello comenzó muy despacio con ¿Por qué le da el ataque de locura al señor R?, porque me aburría ser sólo actor y deseaba ayudar, colaborar. Todavía no pensaba en ser ayudante de dirección; sólo en ayudar como pudiera.

DIETER: ¿Habló de esto contigo durante ese año de 1969? ¿Recuerdas alguna conversación en la que se quejara o se lamentara de la falta de vínculos, de la necesidad que tenía de sentirse humanamente acompañado, comunicado?

BAER: No, nunca me habló de esto. Ahora, con la perspectiva del tiempo, se puede deducir que tal vez yo no podía darle lo que él quería de mí.

DIETER: ¿Qué quería, en tu opinión? En el fondo, que vivieras con él, que fueras su...

BAER: Seguramente, durante un tiempo...

DIETER: ...su amigo o, mejor dicho, su compañero en todos los aspectos.

BAER: Sí, pero esto no surgió, porque yo en aquel momento aún no sabía hasta dónde quería llegar...

DIETER: (...) ¿Cómo fue entre vosotros? ¿Vivisteis juntos, cuánto tiempo y como una comunidad de dos en el mejor sentido de la palabra, sin rebasar por ello ciertos límites?

BAER: Nunca vivimos juntos. Rainer vivió con Ursula Strätz, con Irm Hermann y con Peer Raben. Tenían una vivienda en la Stollbergstrasse, una especie de comuna, si quieres, o una vida en común, si te suena más distinguido. Sería una gran exageración decir que yo vivía con ellos. Les visitaba con frecuencia, para charlar, para joder, qué sé yo.

DIETER: Bueno, los dos teníais viviendas separadas pero vivíais juntos. Erais algo especial el uno para el otro, como siempre ocurre cuando dos personas se aman.

BAER: Yo entonces no lo comprendía así.

DIETER: Nadie te lo reprocha, Harry, y a Rainer tampoco. A lo que voy, naturalmente, es que cuando hablas de las relaciones con el alter ego que se establecieron entre vosotros en 1969 durante el rodaje de Los dioses de la peste, que fue escrita como quien dice a tu medida y en la que hiciste el papel de protagonista, estás hablando de una situación óptima para juzgar a un hombre. ¿Cómo era entonces, qué deseaba de ti? ¿Qué creía poder conseguir, encontrar con el amor que te profesaba? ¿Creía incluso poder ocultar su necesidad de ti, ya que todos sabemos que desde la infancia estaba muy poco dotado para las efusiones amorosas?

BAER: En este aspecto he de empezar hablando de mí mismo, de mi propia reticencia de entonces, que él quizá quería vencer para dirigirla hacia su persona. En aquella época yo estaba despistado y confuso, no abría la boca, y cuando decía algo eran sólo gruñidos en el peor dialecto bávaro...

DIETER: Esto le animaba y, sin embargo, porque te quería, deseaba modelarte, intentaba modelarte para que te parecieras a él...

BAER: Sí, también fue un intento de cambiarme, de modelarme a su gusto, y al mismo tiempo de apoderarse de mí, de poseerme y después, lo sé, de conservarme regalándome un papel de protagonista.

DIETER: Para ser indispensable en la vida en común, tanto en el ámbito privado como en el plano profesional.

BAER: Lo intentó, sí. Sólo puedo decir que utilizaron algunos trucos conmigo, mejor dicho, bastantes, empezando por la complicidad de varias mujeres del antiteatro, que me incitaron a joder con ellas para ponerle celoso. Ellas conocían muy bien la relación que me unía a Rainer. Yo, en cambio, la desconocía porque, como ya te he dicho, aún no había decidido la dirección que quería tomar.

Harry Baer en "Dioses de la peste" (1969)

DIETER: De modo que por entonces tú eras, más o menos...

BAER: Aún no había tenido nada que ver con un hombre.

DIETER: Así que Rainer fue el primero...

BAER: Bueno, si exceptuamos...

DIETER: ...las historias de internado que todos hemos tenido, pero Rainer puede decirse que fue el primer hombre...

BAER: Entonces no jodí con él porque ignoraba cómo enfocar la cuestión. ¡Ojalá lo hubiera sabido!

DIETER: Suele comentarse, y de un modo injusto para contigo personalmente, que en 1969 -es natural que expliquemos y aclaremos al lector que se trata de una comparación con Fassbinder- eras un joven muy atractivo, y no solo entonces, sino también ahora. Un joven dotado de un poder de seducción para ambos sexos, de un enorme encanto visual. ¿Eras consciente de esta atracción que ejercías sobre ambos sexos, de intuir que desde el punto de vista del atractivo físico le llevabas una gran ventaja a Rainer y de lo mucho que él intentaba halagarte y luchaba para conquistarte, para conseguirte, a fin de hacer de ti su amante personal...?

BAER: No lo veía con tanta claridad.

DIETER: ¿No dirías que por lo menos sentiste el placer que se puede derivar de atormentar a alguien manteniéndose inasequible para él ante cierta frontera?

BAER: No soy ningún sádico.

DIETER: Ni yo te acusaría nunca de serlo.

BAER: Sencillamente, me divertía estar allí, en ese grupo. No sé decirlo de otro modo.

DIETER: ¿Te divertía entonces estar presente en la vida de Rainer, compartiendo todas las cosas que sucedían entonces a su alrededor?

BAER: Sí, me gustaba aquel agradable caos. O, dicho de otra manera, me gustaba ese ambiente donde siempre ocurría algo: broncas, trabajo, juergas, borracheras, jolgorios... Siempre se anunciaban cosas nuevas. Yo no conocía esta clase de ambiente y me divertía.

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