Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

Cuando todos tienen sus razones

El egoísmo y la ausencia de solidaridad entre las personas constituye otro de los grandes temas de la obra de Fassbinder, generador de soledades, de individualidades que no tienen posibilidad alguna de llevar a cabo sus ideales, sus sueños, sus luchas... el cambio. A menudo se sirvió de la familia como micro-sociedad y de los prejuicios burgueses que la caracterizan para exponer de forma implacable cómo afecta este hecho a los seres humanos.

El mercader de las cuatro estaciones comienza con un flash-back que contiene uno de los diálogos más escalofriantes del cine fassbinderiano. Hans, el frutero protagonista, vuelve a casa tras llevar un año enrolado en la Legión Extranjera. Su madre, que siempre quiso un futuro mejor para él y no se esforzó en comprenderlo, lo recibe muy fríamente...

(Llaman a la puerta)

MADRE: ¿Quién es?

HANS: Soy yo, Hans.

MADRE (abre la puerta): Ah, eres tú.

HANS: ¡Madre! (la abraza, mientras ella se muestra muy fría).

MADRE: Has tenido que llegar justo en mitad de la noche.

HANS: He estado fuera desde hace más de un año, madre.

MADRE: Enrolarte en la Legión Extranjera fue cosa tuya, pero involucrar en ello a un buen chico como Manfred Wagner... No he dejado de tener problemas con sus padres. Ellos me echan la culpa... ¿Él ha vuelto también?

HANS: No... ha muerto.

MADRE: Siempre lo mismo: los buenos mueren jóvenes y la gente como tú vuelve.

HANS: Yo he cambiado, madre.

MADRE: El que una vez fue un inútil, siempre seguirá siendo un inútil.

"Viaje a la felicidad de mamá Küsters" (1975)

Viaje a la felicidad de mamá Küsters es quizás la película de Fassbinder en la que hizo un retrato más despiadado de la familia y de las consecuencias de la insolidaridad humana: el marido de la señora Kusters, en un acto de locura, mata al jefe de la fábrica donde trabaja al enterarse de que iba a producirse un despido masivo. Este hecho atrae la atención de la prensa sensacionalista, que publica una serie de mentiras al respecto. Mamá Kusters decidirá entonces iniciar su propia lucha para defender el honor de su marido, pero sus hijos Ernest y Corina la dejarán sola...

NUERA: Las vacaciones no se pueden cancelar, mamá. Gastamos mucho y hemos ahorrado todo el año.

KUSTERS: Pero no podéis iros con lo que le ha pasado a papá. No podéis. Lo acaban de enterrar. No podéis marcharos. Yo... me quedo sola

NUERA: Llevo una vida dentro de mí. También tengo que pensar en eso, ¿no? Y papá no va a resucitar porque nos quedemos aquí. No me puedo arriesgar a un aborto, ya oíste al médico (al marido). Y de todas formas, esto es demasiado para mí, ¿entiendes?

KUSTERS: Sí, pero Ernest... no puedes dejar a tu madre así, sola, después de esto.

ERNEST: Debemos hacerlo por nuestro niño, mamá. Tienes que entenderlo.

KUSTERS: De acuerdo, iros todos al diablo (se echa a llorar).

ERNEST: Mamá, volveremos pronto. Tienes que aguantar un poco. Helen no puede más de los nervios.

KUSTERS: Sí, pequeño, será mejor. Vete y ayuda a Helen a hacer las maletas.

CORINA: ¿Qué pasó?

ERNEST: Mamá está triste porque nos vamos.

CORINA: Creo que es comprensible.

ERNEST: Yo también

NUERA (a Corina): Para ti no somos importantes. Sólo estás aquí cuando pasa algo gordo.

CORINA: He ganado mucho dinero. Estuve cantando.

NUERA: ¿Cantando? ¿A eso llamas cantar? Yo también gano dinero. No sólo tú.

ERNEST: Vale... ya es suficiente.

NUERA: Es cierto. No aguanto más aquí. Han sacado una foto mía en todos los periódicos, pero para ti es igual.

CORINA: Es igual, ¿qué?

NUERA: ¡Papá, papá! ¡Para ti no importa nada!

CORINA: Entonces, ¿por qué estoy aquí, eh?

NUERA: Sabe Dios...

CORINA: Me gustaría saber qué es lo que tienes en el cerebro.

NUERA: Oye tú...

CORINA (al hermano): Dime... ¿qué le pasó de verdad a papá?

ERNEST: Ni idea. Max nos ha contado que había rumores de despido o algo así, y querían despedir a papá y a algunos otros compañeros. Seguro que hubo bronca y entonces, todo sucedió.

CORINA: Qué curioso... Papá siempre fue un tipo muy tranquilo.

ERNEST: Helen... ¿no será mejor que nos quedemos aquí? Por mamá... ya sabes...

NUERA: No Ernest. Nos vamos o me voy sola.

ERNEST: Lo digo en serio. Es por mamá... ya no es la misma de antes.

NUERA: ¿Por quién te preocupas en realidad... por mí o por los demás? Tienes que decidirte.

A la vuelta de vacaciones...

ERNEST: Lloviendo todo el rato y todo el día nublado.

KUSTERS: Debías haber viajado al Sur.

NUERA: En el Sur también llueve. No paró de quejarse y de estar de mal humor.

ERNEST: Sería el tiempo.

NUERA: Pues había unos paisajes maravillosos, pero estabas muy cansado para pasear.

KUSTERS: Si se pasa todo el año trabajando, le apetecerá holgazanear en sus vacaciones.

NUERA: Yo también trabajo todo el año... y tan duro como él.

ERNEST: Sí, pero sentada.

NUERA: Madre e hijo. Los dos siempre juntos. ¡Cómo se nota! Pero os voy a decir algo: no aguanto más. Siempre estoy discutiendo contra dos. Me voy. Puedes quedarte con tu madre. Ya me las arreglaré yo sola.

KUSTERS: Pero...

ERNEST: No lo dice en serio, mamá. Está enfadada por las vacaciones, porque no han sido lo que ella esperaba. Cuando no tiene razón, se lo toma muy a pecho, y en su estado...

KUSTERS: Yo también traje hijos a este mundo y no me comportaba así. ¿Es que no tiene nada que hacer?

NUERA: ¡Me voy! ¡Sé muy bien lo que hago!... así que podéis quedaros los dos juntos.

Ernest y su mujer, que viven con mamá Kusters, planean mudarse a un piso propio...

KUSTERS: Ya lo habíais hablado antes, ¿no?... lo del traslado.

ERNEST: Pero mamá...

KUSTERS: Está bien. No pasa nada.

NUERA (hablando por teléfono): ¿Hola? Busco algo amueblado, con tres habitaciones... ¿No?... De acuerdo, gracias. Tranquilos... lo conseguiré (dirigiéndose a la suegra y al marido).

KUSTERS: Yo también lo conseguiré. Si todos me dejáis sola es lo mismo. Al contrario: me dará fuerza. Prometí a papá en su tumba que defendería sus opiniones. Para vosotros es lo mismo, pero yo voy a luchar.

ERNEST: ¿Pero qué dices, mamá?

NUERA: ¿Y qué tiene que ver todo eso con papá?

KUSTERS: Eso es cosa mía. Ahora os lo pido yo: ¡mudaos, por favor!

ERNEST: Pero mamá...

CORINA (acaba de llegar: ella también se ha ido): Hola Hellen, ¿descansaste?

NUERA: Más o menos... ¿Y cómo tú por aquí, en esta casa tan modesta?

CORINA: No lo vas a creer, pero sólo venía a recoger algunas cosas. No tengas miedo. Ya me voy... ¿qué pasa aquí?

ERNEST: No sé, ni idea... Mamá dice cosas raras.

KUSTERS: ¡No digo cosas raras!

CORINA: Déjalo mamá, no le hagas caso.

NUERA: Es verdad, creo que está loca.

ERNEST: Mamá habla de lucha y cosas por el estilo. ¿Tú lo entiendes?

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