Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

¿Por qué le da el ataque de locura al señor R.?

(Warum läuft Herr R. Amok?, 1969)

Dirección y guión: Rainer Werner Fassbinder y Michael Fengler Fotografía: Dietrich Lohmann (Color, 16 mm ampliados a 35 mm, 1.33:1) Montaje: Franz Walsh (seudónimo de RWF), Michael Fengler Música: Peer Raben Dirección artística: Kurt Raab Sonido: Klaus Eckelt Producción: Antiteater, con la participación de Maran Film Coste: 135000 marcos Duración del rodaje: 13 días (diciembre 1969) Duración: 88 minutos Fecha de estreno: 28-6-1970, en el Festival de Berlín

Intérpretes: Kurt Raab (Herr R.), Lilith Ungerer (su mujer), Amadeus Fengler (su hijo), Hanna Schygulla (amiga del colegio), Harry Baer, Peter Moland, Lilo Pempeit (compañeros de oficina), señor y señora Sterr (padre y madre), Peer Raben (amigo del colegio), Ingrid Caven, Doris Mattes, Irm Hermann, Hannes Gromball (vecinos), Carla Aulaulu, Eva Pampuch (vendedoras en una tienda de discos), Peter Hamm (comisario), Ulli Lommel, Katrin Schaake, Volker Schlöndorff, Margarethe von Trotta, Reinhard Hauff, Günther Kaufmann...

Premios y nominaciones: Festival de Cine de Berlin: Premio Interfilm; Premio OCIC; Nominada al Oso de Oro a la Mejor Película. Bundesfilmpreis (Premios del Film Alemán): Premio al Mejor Director

Esta película muestra escenas de la vida cotidiana del señor R., un modesto delineante que trabaja en un estudio de arquitectura. Perteneciente a la clase media, este hombre tiene esposa e hijo, y es una persona tranquila y equilibrada, tal vez un poco cohibida y gris. A excepción de sus dolores de cabeza, todo parece irle bien. En su matrimonio lleva la voz cantante su esposa, que no ejerce ninguna profesión y parece más ambiciosa que él. Un paseo con la familia, una comida dominical con los padres, disfrutar de la televisión por la noche, una fiesta en el lugar de trabajo en la que toma unas copas de más, pequeños problemas pedagógicos con su hijo que le llevan a hablar con la maestra, la evocación de recuerdos escolares cuando se encuentra en compañía de un amigo del colegio, o el intento de compra de un disco que desea regalar a su mujer son algunos de los pasajes que certifican que en su rutina diaria no ocurre ningún suceso especial... hasta que una noche, sin dar señales de excitación interna, mientras su mujer charla con una vecina y él se encuentra viendo la televisión, coge un candelabro y mata a la vecina, a su esposa y al niño que está dormido. Al día siguiente, cuando la policía acude a detenerle, lo encuentra ahorcado en los lavabos del estudio donde estaba empleado.

¿Por qué le da el ataque de locura al señor R.? no solo constituye uno de los acercamientos más claustrofóbicos jamás realizados por Fassbinder en torno a la problemática burguesa, sino también una película que desde el punto de vista estilístico no se parece a ninguna otra: su planteamiento semi-documental (está rodada a base de largos planos-secuencias con una cámara portátil de 16mm) la convierte en la muestra más realista de su autor, en un auténtico oasis dentro de una obra cinematográfica consagrada por completo a la estilización y lo artificioso. Y si resulta sorprendente el hecho de que Rainer se decantara por una vez hacia esa reproducción de la realidad que siempre rechazó de forma clara y tajante, no lo es menos que un director como él, acostumbrado a no dejar escapar nada al azar y por tanto a ejercer el más férreo control sobre sus producciones, decidiera que los actores improvisaran libre y creativamente sus diálogos al hilo de las situaciones que el guión iba marcando.

Codirigido por su amigo, el productor Michael Fengler, este film muy apreciado por los estudiosos de Fassbinder (a quien precisamente no gustaba mucho) logra de forma escalofriante que el espectador interprete el ataque de locura del protagonista como una suerte de perversa y desesperada liberación, como la única solución que le queda para escapar de la rutina, el aislamiento, el aburrimiento, la incapacidad para comunicarse, la ausencia de nuevas y diferentes expectativas, el sinsentido que caracteriza la monotonía y el vacío de su vida personal, familiar y social, reduciendo sus potencialidades a un catálogo de palabras y movimientos meramente mecánicos (Kurt Raab, en este sentido, ofrece una sobrecogedora actuación).

Al igual que otros tantos casos en el cine de su director, la violencia que R. vierte al rebelarse contra el mundo pero también contra sí mismo es la expresión última de su existencia oprimida.

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